NASCAR tiene un formato único de competencia: luego de 26 fechas, la batalla por la Copa Monster es única, y cualquier error se paga caro. Muy caro.

Texto de Andrés Gutiérrez – Fotos de Michelle Quintana

Son 10 fechas, 10 finales. Cada una es más valiosa que la anterior, y cualquier falla es una eliminación automática: así lo ha dispuesto NASCAR en sus playoffs, que hacen que solo cuatro pilotos, cuatro héroes, lleguen a la última carrera del año en igualdad de condiciones, con la aspiración a ser campeones.

Pero la presión por vencer comienza mucho antes de que caiga la bandera verde.

Mientras los héroes detrás del volante salen y saludan a su afición, en los garajes su equipo de mécanicos gentilmente preparan cada una de las piezas de sus autos, esperando que la combinación ganadora sea la suya, luego de una maratón de 300, 400 o hasta 500 millas.

Cae la verde. Ochenta, cien, ciento veinte mil espectadores se ponen de pie para alentar a sus corredores, en la vuelta más peligrosa de todas, donde nadie quiere cometer un error. Y a medida que avanzan las vueltas, empiezan los juegos estratégicos para mejorar y buscar el top-10, luego el top-5 y llegar a la punta de carrera. Inclusive, un poco de suerte se busca para estar fuera de problemas. Todo vale.

También hay presencia latina en NASCAR. El mexicano Daniel Suárez, luchando por el Novato del Año carrera a carrera, no clasificó a los playoffs, pero eso no ha impedido que muestre su talento en uno de los equipos más poderosos de la categoría, el Joe Gibbs Racing.

Se acerca el final de la carrera. La presión aumenta. Cada piloto ahora se la juega por todo: no importa el accidente, el error en los pits al inicio de la carrera, solo importa ganar y sumar los puntos para seguir con vida. Pero solo puede haber un ganador.

Todo culmina por este fin de semana. Queda una única carrera, Homestead, y solo cuatro pilotos sobreviven para ser quien se escriba en los libros de historia. Y si todo valió antes de la final, ahora mucho más. No hay mañana. Es el momento de luchar por la gloria.