Fernando Alonso
FIA WEC

La victoria de Fernando Alonso este fin de semana en su debut en el Mundial de resistencia WEC, por sus siglas en inglés, ha desatado una serie de reacciones encontradas. Las felicitaciones y alegría de algunos para uno de los mejores pilotos del mundo y de la historia –al menos para mí-, y otros mensajes llenos de críticas y algo de enojo.

Hay que ser realistas, era prácticamente un hecho de que Alonso ganara en las 6 horas de Spa-Francorchamps y volviera a lo más alto del podio luego de casi un quinquenio de frustraciones. Esto es algo que en la Fórmula 1, a menos de que ocurra una catástrofe, no se dará pronto.

Marco Marín, en un artículo publicado en Diario Gol, critica fuertemente al asturiano asegurando que se trata solo de un capricho por salir del letargo llamado McLaren en el que lleva muchos años. Ahora bien, algo en lo que coincido –hasta cierto punto – con el colega, es en que la escudería británica le da muchas libertades a Alonso para hacer lo que quiera.

Pero, ¿cómo detener al piloto que ha desarrollado el auto y trae los patrocinadores (es decir el dinero) al equipo? Pensar que Stoffel Vandoorne, coequipero del español en McLaren, hace el desarrollo o trae grandes empresas inversoras es ser muy ingenuo en esta vida.

El equipo Toyota del WEC es, al menos en principio, amo y señor de la categoría principal sin rivales verdaderos –más allá de la lucha entre sus propios autos- luego de la salida de Porsche y Audi de la categoría. Claro, si Pascal Vasselon, jefe técnico del equipo japonés, los deja competir entre sí, algo que no permitió luego de la última parada en pits en Spa.

Es muy probable que Alonso, en compañía de Sebastien Buemi y Kazuki Nakajima, puedan lograr el campeonato del WEC sin mayores problemas, y más, si el equipo japonés sigue beneficiando a esta terna por encima de la de Kamui Kobayashi, José María ‘Pechito’ López y Mike Conway.

La obsesión de Fernando Alonso es la ‘Triple Corona’: GP de Mónaco en F1, Indy 500 y 24 horas de Le Mans. Esta se ve un poco más cercana si consideramos que el año pasado, en su primer intento en Indianápolis se mostró muy fuerte, y que si no fuera por su mayor karma –los motores Honda- de pronto hubiera ganado.

Ahora bien, la prueba en el trazado de Le Sarthe ha sido esquiva para Toyota, sino que lo diga Nakajima, el cual estuvo a menos de 5 minutos de darle la primera corona al equipo japonés en 2016, pero su auto se quedó sin potencia luego de haber liderado prácticamente la totalidad de la carrera. Viejo dicho del automovilismo: solo importa si lideras la última vuelta.

Salvo que la “maldición de Toyota” se vuelva a dar, Alonso debería poder ganar Le Mans este año sin mayores sobresaltos.

Eso sí, se ha desatado un fenómeno iniciado por el 2 veces campeón de Fórmula 1 el año pasado cuando corrió Indy 500, el cual fue motivar a otros pilotos a buscar otros horizontes y retos. El propio Alonso aseguró que Jenson Button, cuya presencia en Le Mans se confirmó hace pocos días, podría también aspirar eventualmente a la ‘Triple Corona’. Para los colombianos, por supuesto la esperanza es Juan Pablo Montoya, que, espero yo, haya tomado IMSA como su entrenamiento para llegar con todo en 2019 e igualar a Graham Hill.

Claro, hay algunos otros, como Lewis Hamilton, que menosprecian las otras competencias y creen que Indy 500 es cualquier carrerita de medio pelo con carritos de balineras.

La F1 siempre ha creído ser La Meca del automovilismo mundial, y puede que sí. Y aunque llegar allá no es fácil, en el último tiempo se requiere más dinero que talento para hacerlo. O bueno, siempre ha sido así, solo que ahora es más notorio.

Al igual que cuando James Rodríguez se fue de España para el Bayern Múnich y se decía “hay vida después del Madrid”, también hay vida después de la F1, sino que lo diga Alonso.

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